Fue juzgada ayer por una posible negligencia médica en el parto que asistió el 23 de octubre de 2006. La acusación particular solicita para ella dos años de prisión y la inhabilitación durante cuatro años
EIVISSA | RAÚL SÁNCHEZ La acusación particular solicitó ayer, en una vista celebrada en el Juzgado de Penal número 1 de Eivissa, dos años de cárcel y cuatro de inhabilitación profesional para M. C. L., una doctora que trabajaba como ginecóloga en el hospital Can Misses y que asistió un parto que tuvo complicaciones y que acabó con la muerte de un bebé el 23 de octubre de 2006.
La madre ingresó en el hospital sobre las 13 horas. El parto se produjo alrededor de las 14,30 y la niña murió 16 horas después, sobre las seis y media de la mañana del día siguiente. En el juicio, que la magistrada juez Clara Ramírez dejó visto para sentencia, el Ministerio Público solicitó además una multa de 300 euros para la acusada por un delito de imprudencia leve con resultado de muerte, y una indemnización para la madre por valor de 100.000 euros. El abogado defensor de la médico, la responsable civil directa del Servicio de Salud y el responsable civil subsidiario, a cargo de una compañía aseguradora, solicitaron la absolución de la acusada.
La ginecóloga, que estaba de guardia, decidió hacer una cesárea porque «se trataba de una paciente de riesgo», según declaró ayer en la vista. «Al buscar el músculo abdominal entramos accidentalmente en la cavidad del útero», declaró la doctora, que trabajó entre 1989 y 2005 en el hospital de La Paz, en Madrid, antes de trasladarse a Eivissa. Allí atendían entre 20 y 25 partos diarios, aproximadamente el 20 por ciento por cesárea, según explicó.
La doctora defendió en todo momento su profesionalidad y negó cualquier tipo de negligencia. Explicó que el parto se complicó debido a las adherencias firmes que la paciente tenía en la pared uterina. La niña acabó muriendo por falta de oxígeno.
En el parto estuvieron presentes, aparte de la acusada, otra doctora, una anestesista y una enfermera. Aunque el letrado de la acusación particular trató de aclarar con insistencia cuánto tiempo duró el parto, ninguno de los testigos que estuvieron en el quirófano pudieron precisarlo. «Estaba concentrada en salvar la vida de la niña y no puedo concretar el tiempo del parto», explicó la acusada.
También declaró la que iba a ser la abuela de la fallecida, que comentó que algunos doctores le dijeron que el tiempo del parto había sido excesivo.
«Este feto no fue extraído de la forma correcta para mantenerlo con vida», explicó un médico forense citado por la acusación particular, que se sorprendió de que si la paciente tenía una «patología brutal», como declaró la acusada, «¿cómo no fue diagnosticada?».
«Les aseguro que fue una acción diligente y absolutamente correcta», explicó un perito, que tuvo un fuerte enfrentamiento verbal con el médico forense después de la vista. El feto tuvo un peso de 3,5 kilógramos, según explicó. «En medicina muere gente a pesar de que se actúe con máxima diligencia», concluyó el perito.
«Estoy perplejo y atónito de que se someta a la doctora a un procedimiento penal», comentó su abogado en el alegato final.
Fuente: Diariodeibiza.es